En todos los rincones turísticos de la Provenza abundan jabonerías, bodegas de vino y "ateliers" de pintores para deleite de los turistas, pero no hay mayor deleite para un viajero que paladear los productos nacidos de la tierra que creó esos paisajes y dio vida a estos rincones.
domingo, 4 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Llamaradas al atardecer
No hay nada más bello que un atardecer rojo como el fuego. Las nubes azuladas se empiezan a teñir de amarillos y anaranjados, de repente pasan a rojo fuego y la luz se desvanece en la oscuridad del negro, sin que apenas te dé tiempo a hacer unos pocos disparos con la cámara. Y aunque uno diga "visto uno, vistos todos", estos atardeceres siempre nos arrancan una exclamación de asombro.
En la sombra
Les Baux-de-Provence es considerado uno de los pueblos más bellos de Francia, y también da nombre a la roca "bauxita", de la que se extrae el aluminio. Lo que fue un pueblo medieval en lo alto de una roca, con casas construidas dentro de ella, y cuna del protestantismo en el siglo XVII, hoy en día es un "village" turístico repleto de tiendas y turistas, donde es casi imposible hacer una foto sin que salga nadie en ningún rincón.
viernes, 2 de diciembre de 2011
El vuelo del alimoche
Recuerdo el entusiasmo con que, de pequeño, esperaba el capítulo semanal de la serie documental "El Hombre y la Tierra" del malogrado Félix Rodríguez de la Fuente, y concretamente los de "Fauna Ibérica". Gracias a ellos descubrí cómo vivían en libertad criaturas que había visto en libros o en el zoo, y que la mayoría de ellas vivían amenazadas por la actividad humana. Me conmovieron especialmente los dedicados a las grandes aves carroñeras que vuelan en nuestros cielos, el buitre leonado, el quebrantahuesos y el alimoche.
Ahora siento una gran alegría cuando levanto la mirada al cielo y veo pasar la silenciosa silueta de una de estas majestuosas aves. No está todo perdido.
Ahora siento una gran alegría cuando levanto la mirada al cielo y veo pasar la silenciosa silueta de una de estas majestuosas aves. No está todo perdido.
El paso del tiempo
Siempre resulta emocionante estar en un lugar importante, de esos que ves en los libros o en los documentales. Es como constatar que es cierto lo que viste una vez en uno de esos medios. Pero para mí lo es más estar en un sitio viendo algo que aparezca en un cuadro o en una foto famosa, porque estás viendo la mirada del autor, y puedes llegar a imaginar las mismas sensaciones. Y aunque haya pasado más de un siglo, las sensaciones son las mismas.
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