jueves, 26 de julio de 2012

El guardián inquieto

En el camino de bajada del Puig de la Balma hacia el Molí del Mig nos adelantaron varias personas, tantas como veces oíamos ladrar un perro a lo lejos. Al final llegamos a la altura del escandaloso mastín, que ladraba a todo lo que se movía. No sé si lo hacía para proteger la propiedad o para decirnos que quería venir con nosotros. En cualquier caso tampoco me quise acercar lo suficiente para saberlo.


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